EL MEDICO Y LA CULTURA

Dicen que Sócrates no era amigo de los libros porque en ellos el conocimiento estaba cristalizado y con su lectura y difusión el autor no podía controvertir las interpretaciones abusivas de su obra. Su defensa de la conversación o de la discusión verbal ponía de presente que al intercambiar puntos de vista se abría la puerta de la creatividad, y que por tanto la posibilidad de hallar la verdad entre varios era más segura, puesto que la inteligencia se reproduce mejor a través del habla viva que de la letra muerta. De hecho, Sócrates no dejó nada escrito; sus pensamientos los recogió Platón en sus famosos Diálogos, pero de su catadura ética quedó como testimonio el episodio en el que, luego de tomar la cicuta que le impusieron por no aceptar a los dioses atenienses y andar corrompiendo a los menores, le dijo a Critón: "Le debemos un gallo a Asclepio, así que págaselo y no lo descuides".
Estas alusiones a Sócrates nos ponen en el sitio exacto para hablar del médico y la cultura de nuestro tiempo. El médico, si en realidad aspira a tener una visión integral del mundo y de la condición humana, si lo que busca es una mayor lucidez y respetabilidad para sus actos, debe ser una persona honrada, consciente de todo lo que ignora.
Nuestra profesión no es por sí misma una fuente de conocimientos universales. Lo que sí debe ser la medicina, hoy más que nunca, es un humanismo, entendido éste como una actitud solidaria y compasiva con el enfermo que sufre y le tiene miedo a la muerte, con prescindencia del egoísmo y la arrogancia que a menudo caracterizan al gremio de los galenos.
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